domingo, 22 de junio de 2014

Juvenal Viloria Por Orlando Ramírez-Casas (Orcasas)

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JUVENAL VILORIA ROMERO

I VILORIA ABRIÓ LOS OJOS EN LA CUNA PICOTERA

Por Orlando Ramírez-Casas (Orcasas)

El barranquillero modula en ráfagas de letras “tragaás, ¡miejdaaa, o´jodddaaa!”, igual que el tema que ofrece “ron pa´l que está sentado”, pero los oídos cachacos creen oír “Rompa el que está sentado”, y eso explica por qué Viloria no tituló su composición “La hamaca rayada”, sino “La hamaca rayá”.

Juvenal Enrique, un enjuto hombre de piel curtida y 1.65 mtrs. de estatura, al que su delgadez hace ver más alto, fue acunado en la Barranquilla natal por el sonido alegre de la música caribe que salía de los picós; la institución fiestera de la tierra currambera cuyos dueños, llamados picoteros, dan lo que sea por tener un disco de su exclusividad. Pick up significa tocadiscos y se asemeja al picoteo de las aves al clavar la aguja en el disco y volverla a levantar. Orgullosos de sus aparatosos pick ups forrados de luces, les ponen nombres como decir “El rey del Bronx”, “El Isleño”, “El Coreano”, y otros.

El día 31 de diciembre de 1938 la gente parrandeaba en Barranquilla despidiendo el año, pero Ana Cristina Romero Atencio, la madre, se retorcía con dolores de parto recibiendo a Juvenal Viloria Romero, que nació de manos de una partera entre la alegría del barrio Montecristo, y mientras abría los ojos al mundo los picós sonaban por doquier a volumen venteado. Treinta años de vivir en el barrio Gerona de Medellín no le han borrado el acento costeño que tiene desde entonces.

Tiene ancestros extranjeros. “Mi abuelo paterno era español, y mi abuelo materno era cubano. De ellos me viene la música porque tocaban y fabricaban instrumentos. Pero también de mi abuela materna que era palenquera descendiente de esclavos africanos y cantaora de alabaos y lamentos a golpe de tambor en fiestas y velorios”. Desde que soltó la lengua se le oyó cantar, y gracias al talento que le fluye en la sangre no tuvo dificultad en tocar “una flauta que me regaló Crescencio Salcedo, amigo de mi padre”. Pero no aprendió a tocar profesionalmente para desenvolverse en la vida como músico, ya que “apenas llegué a utilero de orquestas. Aunque don Otoniel Cardona Urán de Discos Victoria me montó mi propio grupo llamado Don Juve y su banda. Tengo alrededor de 27 canciones grabadas con mi voz”.

Siendo niño una palenquera, paisana de su madre, pasaba por las calles barranquilleras pregonando la venta de “alegrías”, como se denomina un dulce apelmazado de coco, azúcar, ajonjolí, y maní; endulzado con piloncillo o azúcar morena; que fabrican en El Palenque de San Basilio. “Mi hermana me retó a que le hiciera una canción a la palenquera para que nos regalara sus alegrías. Era una negra sabrosa, y yo le hice ese pregón en ritmo de calipso, que fue mi primera composición”. No sabe solfeo, no sabe leer o escribir notas en partitura, y no toca ningún instrumento; pero la melodía y el pregón se le vinieron a la cabeza y se ganó el derecho a tener dulces gratuitos por muchos días. “No irás a decirme, Juve, que ese fue tu primer amor”, comenté. No lo fue, pero la negra Antonia Cañate sí fue la causante de que Santiago Viloria Morales, su padre, se fuera tras ella y dejara a su familia.

Acerca del pregón “El pistacho” (“¡Manicerooo, aquí va el maní!; ¡Manicerooo, aquí va el pistacho!”) cuenta el coleccionista Carlos dj1963 que “Evaristo Pinedo, picotero del Isleño, en su momento le vendió este tema a Concepción `Conce´ Hernández, propietario del pick up `El coreano´, por una gran suma de dinero; diciéndole que era exclusivo y que lo había traído del extranjero. Luego Concepción se enteró de que había sido grabado en Colombia por el inventor de la champeta, maestro Abelardo Carbonó, y Conce quedó viendo un chispero. Desde ahí bautizaron a Evaristo `el pistacho´ Pinedo”.

Para cuando el padre se fue de casa, ya no vivían en Montecristo sino en Barrio Abajo, pero la madre lió bártulos y se fueron a vivir a Barrio Arriba con Juvenal de 12 años. “Ustedes venían de menos a más, hombre Juve”, le dijimos. “No, home, qué va, ¿Sabe comu´é, cachaco? Fue de máj a menoj”. Entonces contó que Barrio Arriba, “por Shanghai”, era una zona de tolerancia a la que apodaban el barrio chino y estaba habitada por prostitutas francesas desplazadas de la segunda guerra mundial, que hablaban bien la francolengua nativa, machacado el idioma español, y perfecto por señas el del sexo, que es un lenguaje universal. El día en que llegaron al barrio chino la ex mujer de Viloria y sus dos hijas mayores, con el chiquillo, fue inolvidable porque dos prostitutas se enfrentaban en duelo a cuchillo venteado, prendidas de las puntas de un pañolón, dispuestas a llevarse una la vida de la otra. “Pelearían por hombres, supongo”, le dijimos. “Homeee, no. La pelea fue por un lío de marihuana que a la una se le esfumó y la otra se fumó. La pilló por el olor dulcete, la saliva gruesa, y los ojos enrojecidos. Escúlqueme, si quiere, bufoneó la ladrona, pero la dueña sacó un cuchillo y se dispuso a acomodarlo en el enmarihuanado corazón, por entre el resquicio de las costillas”. Con semejante bienvenida, la madre casi sale despavorida para otro lado, pero Juvenal ya había olido que en ese lugar había un mundo que él quería conocer y se enfrentó a la vida como mensajero de burdeles, familiarizándose con bandidos y prostitutas francesas, entre ellas una bella treintañera (“Para sejte sincero, home cachaco, todaj laj francesaj eran bellaj. Ahí no había ni qué escogé”) que puso sus ojos en el que ya era un muchacho espigado “y de buen ve, compa, de buen ve” al que convirtió en amante corriendo el riesgo de ser procesada por corrupción de menores. Él tenía 14 cuando ella le parió el primer hijo “que se llevó a Hamburgo, y sólo sé que se llama Enrique Juvenal Viloria Pizziotti”. Teotiste, la francesa de apellido italiano, era una mujer culta que leía poemas y tocaba el banjo para acompañar canciones que cantaba con buena voz. “Cuatro años vivimos juntos, y fue ella quien me enseñó a leer porque yo sólo vine a estudiar en la nocturna el quinto de primaria, después de que Teo se fue a Alemania”. Ella le enseñó a leer, pero empezó a celarlo hasta con la sombra y se volvió pesada para un muchacho de 16 que en lo económico no tenía necesidad de trabajar porque ella lo mantenía, pero en lo afectivo era un ave que ansiaba volar y no atarse a un solo amor por el resto de la vida.

Más de una docena de hijos tuvo Viloria por ahí regados: Uno, el de Hamburgo; dos, en Cartagena; tres, en Santa Marta; cuatro, en Barranquilla; “y otro en Venezuela, cachaco, mientraj duraron mij correríaj”. Eso da once, pero completó quince con dos que tuvo Rosario cuando Juvenal había sentado cabeza en Medellín, donde piensa morir y dejar en reposo las cenizas; y otros dos con la única mujer que pudo arrastrarlo hasta el altar. “¿Cómo viniste a parar a tierra paisa?”, preguntamos. “A Medellín, desde mediados del 70, por la música. Enviudé de mi segunda mujer que me dejó con cuatro huérfanos y Rosario, la tercera, con quienes me vine a poner un restaurante en Barrio Triste; pero con el tiempo las cosas se vinagraron porque se volvió llevada de su parecer y yo del mío. Entonces apareció Luz Marleny Gaviria, la cuarta, una paisa veinte años menor que yo que me sedujo con su bailado de trompo, y me animé a calentarle el oído. En 1985 nos casamos por la Iglesia, y ya hace 28 años de eso. Tener ella 27 y yo 47 no fue inconveniente para que me aceptara, y aquí vamos. Mi hija vive en Estados Unidos y es madre de ese niño de 6 años, el nieto que nos acompaña; y tenemos un hijo de 12 que está estudiando. Es el último porque no hay cama pa tanta gente”.


                            

II. VILORIA AL FIN SENTÓ CABEZA


En sus comienzos Viloria Romero se paseó por los barrios bajos de Barranquilla, pero mucha agua ha corrido bajo el puente en los 75 años que cumplió en Medellín este diciembre de 2013, cuando va completando 340 composiciones registradas que se iniciaron con aquel “Pistacho” que compuso a los 8 años. “La última vez que hice cuentas iba como por 334 o 336 cuando Gaviria era presidente”. Más de 20 géneros abarcan sus composiciones que pasan por el porro, la gaita, la cumbia, el bolero, el tango, el son flamenco, el twist, el paseo vallenato y otros. “Vea, le digo con toda franqueza. Por muy buena voz que tenga un cantante no es na, si no tiene compositores que lo respalden”. Es innumerable la cantidad de amigos que le ha dado la música, colegas con quienes se ha codeado, y nos habla de Pacho Galán, de José Barros, de Edmundo Arias, de Marco Rayo, de Gustavo Quintero, de Nelson González, de Luis Felipe “Don Filemón” González, de Pepe Aguirre, de Alberto Podestá, de Joe Arroyo, de Julio “Fruko” Estrada, y más, y más, y más. Eso para hablar de los que tuvo amistad estrecha, porque hay otros con los que se conoció en eventos profesionales y lo ayudaron, como decir Yamid Amat, Rocío Durcal, Shakira, y muchos otros.

Veo, hombre Juve, que Rodolfo Aycardi también grabó tu música”, le dijimos. “Yo conocí a Rodolfo cuando era un muchachito de unos 13 años nacido en Sincé, Sucre, y salió a cantar como espontáneo en un negocio de fiesta y baile que yo tenía. Me gustó y le recomendé que viajara a Medellín donde estaban las casas grabadoras. Fue mi amigo hasta sus últimos días en que yo era una especie de paño de lágrimas para sus vicisitudes del alma, puesto que en lo económico él hubiera podido vivir de sus regalías si las hubiera administrado con juicio”.

Esto dio pie para que le hiciéramos una pregunta: “Entonces, viejo Juve, ¿un músico puede vivir de sus regalías?”. Él sonrió. “Vivir sí puede. Yo vivo. No como un potentado, pero vivo de una asignación mensual que me da Sayco por ser autor de composiciones clásicas y unas regalías de unos pocos pesos que me llegan una vez al año pero que me permiten atender a mis necesidades”. Su música le ha dado algo de dinero, algo de prestigio, y muchas satisfacciones.

Una composición de Viloria que causó impacto en la voz del venezolano Pastor López, con sus compatriotas Nelson Henríquez y su Combo, fue “La hamaca rayá” (“Me mezo para allá, me mezo para acá… la hamaca de rayitas yo no la puedo dejar… y puedo decirles que sí sirve”).

Pero tal vez la composición que más renombre le ha dado es “La saporrita” (“Siempre que yo voy a un baile, me busco una saporrita y, para reponer la entrada, bailo la noche enterita”).

¿De dónde surgió ese tema, maestro?”, preguntamos a Juvenal. “Bueno”, nos contestó, “No está en el diccionario. La inventé, en vez de sapita, para referirme a una muchacha baja y gruesa que baila bien; y tiene que ver con eso de que uno va a los bailes picoteros pagando el valor de la entrada y encuentra muchachas altas y bonitas que todo el mundo quiere bailar y se creen la última gaseosa del desierto. Yo prefiero una gordita cariñosa. El título es original, pero he oído una gaita llanera, de Ovidio Rivera, titulada Mi saporrita; y creo que ese título se inspiró en el mío”.

Los venezolanos Nelson (González) y sus Estrellas fueron un fenómeno de popularidad en Colombia, y vinieron con el cantante Luis Felipe “Filemón o Felo” González, hermano de Nelson. “Vea, usté. En 1973 yo le entregué La Saporrita a Filemón en el Hotel Prado durante los carnavales de Barranquilla, y el vio de inmediato que iba a pegar duro por lo que resolvió sacarlo para diciembre pero con su propio grupo de “Don Felo y su banda”, lo que causó rompimiento con Nelson. Luis Felipe lo volvió un éxito en Venezuela con su grupo La Súper Banda de Filemón. Es mi amigo, y reconoce que La Saporrita es el tema que le ha dado mayores satisfacciones”.

Juvio, como le dicen en familia, habla con afecto de un disco “Que me grabó Joe Arroyo en Discos Fuentes incluido en un long play titulado El Negro Chombo”. Se trata de su tema “El pescador”, pero aclara que “no me lo vayaj a confudí con otroj del mijmo título, Cachaco”. Es aquel que dice que “Hace frío, tengo sueño, /se lamentaba un pescador… /Era un morenito isleño, /parecido a mi color… /comentaba el pescador… /comentaba su dolor… /a la orilla del mar”.

Maestro Juve, le decimos, hay dos o tres composiciones en las que aparece usted compartiendo autoría con Alejo Durán, como decir “Compadre Pancho” y “Susto mañanero”… La mención del juglar vallenato puso nostálgico a Juvenal. “Alejo fue mi maestro, un padre, un amigo que me engrandeció con sus consejos. Hizo ese trabajo e incluyó esas composiciones mejoradas con sus arreglos, pero son mías porque todas mis composiciones, bonitas o feas, llevan la letra y la música que yo les pongo”. Tanto aprecio le tuvo, que compuso un paseo vallenato en su homenaje titulado “El vallenato mayor”, disco grabado por el cantante Iván Villazón (“Famoso fue el negro Alejo en toda su vida. /Fue la primera corona que dio el Cesar”).

En una lista tan prolífica de composiciones, como las que Viloria tiene catalogadas en su listado, es difícil abarcar toda su discografía; pero mencionaremos algunas que han tenido particular notoriedad:

Camisa floriá –floreada–, El coche, El compadre Pancho, Cumbianita, El gallo moro, El granjero, La hamaca rayá, La palmita, El pescador, El pistacho, La rapiña, La saporrita, El vallenato mayor, Susto mañanero, Vieja corraleja

Y, ¿Cuál es la última, maestro Juve?”. Se queda pensativo. “La última, no sé. Aún no llega. Pero la más reciente apenas le he tarareado la melodía a un amigo para que monte la pista en su organeta, y por aquí tengo la letra que me perdonará que sea patoja”. Es un tema que compuso la semana pasada cuando los camarógrafos de Tele Antioquia visitaron el barrio Gerona, donde vive, para emitir el programa “Camino al barrio”. La joven Juliana Arias Saldarriaga es la presentadora y Viloria, al verla, puso en la voz su tono más engolado y con mirada y gestos de crooner la señaló con el dedo como si fuera una batuta mientras cantaba el tema de autoría e interpretación del dominicano Cuco Valoy:

Te escribo esta carta, Juliana, /para que sepas de mí /y sepas cómo me encuentro /sólo por quererte a ti… /Juliana, ¡Qué mala eres! /¡Qué mala eres, Juliana!

La chica protestó:

     ¡Ay, no, todo el mundo me la dedica. Me tienen cansada porque yo no soy Juliana, la mala; sino Juliana, la buena!”.

     Ah, en ese caso –dijo el músico– no volveré a cantarle a la mala sino a la buena. Cuenta con eso”.

Promesas de músico. Hay quién dice que no hay que creer en ellas pero él cumplió, y esta es la letra de “Juliana, la buena”, el son caribe que le dedicó:

Estribillo: Fíjate, ¡qué menequeo /el que tiene esa mujer!, /pa que no sigas diciendo /que Juliana mala es.

Canto: Por el camino del barrio /de Gerona, en un fiestón, /pude charlar con Juliana/que hacía televisión. /Le dije: “¡Qué mala eres!”. /Lo dije de vacilón. /Me dijo: “Yo soy la buena, /no la de aquella canción; /no, señor”. / Me pidió que tenga en cuenta, /y que cambie mi expresión; /Juliana es mujer inquieta, /le gusta la locución, /bonita, graciosa, esbelta. /Para ella es este son.

Estribillo: Fíjate, ¡qué menequeo /el que tiene esa mujer!, /pa que no sigas diciendo /que Juliana mala es.

Canto: Qué cosas tiene la vida… /En Gerona me encontró /andando con la familia /de la televisión. /Juliana me preguntó /los pasajes de mi vida, /la teleaudiencia lo vio… /¡Ay, vecinos de Gerona, /un abrazo con amor!

Estribillo: Fíjate, ¡qué menequeo  /el que tiene esa mujer!, /pa que no sigas diciendo /que Juliana mala es.
                                                       
No sabemos qué futuro le espere a este tema que ha compuesto el maestro autodidacta Juvenal Viloria pero, como le ha pasado ya muchas veces en la vida, de pronto encuentra un buen arreglista y un buen intérprete que vistan con traje de luces esta inspiración suya y la conviertan en otro éxito surgido de uno de los muchos episodios pasajeros en su trajinar por los caminos de la vida.

ORLANDO RAMÍREZ-CASAS (ORCASAS)









5 comentarios:

EdoCeb dijo...

Como es de injusta la historia con los grandes compositores como es el caso de Juvenal. Cuantos bailes, cuantas canciones y el público en general ni cuenta se da de sus autores.

Carlos Mario Garcés Toro dijo...


Felicitaciones por esta estupenda y sensible entrevista y crónica. ¡El Maestro Viloria es un verdadero juglar! Con mi sincera admiración.

Henry Trochez dijo...

Lilibeth Viloria dijo…

Muchas personas en el mundo han bailado y gozado tus composiciones y no reconocidas como se debe.

Que orgullosa me siento de ti papi.

Anónimo dijo...

Gracias maestro por hacer canción nuestro encuentro!! Ya la quiero bailar

Jairo Alberto dijo...

Siempre que voy a un baile, me busco una saporrita... Te admiro, juglar...